UN DÍA EN LA VIDA DE JESÚS

1.- Seguimos leyendo el evangelio de Marcos de manera continuada. Hoy vemos la segunda parte de ese “día en la vida de Jesús”, continuación de la semana pasada. Jesús sale de la Sinagoga, con sus discípulos, donde había curado a aquel hombre con un espíritu inmundo, que veíamos el domingo pasado. Y ahora se dirige a casa de Simón Pedro y de Andrés, hermanos y amigos de Jesús. Quiere pasar un rato con los amigos, en familia. Para esto también tiene tiempo Jesús. Pero allí se encuentra con una dificultad y es que la suegra de Pedro está enferma. Jesús se acerca a ella. También hay que ayudar a los amigos. La toma de la mano, la levanta y la fiebre se le pasa. Pero lo más bonito de este momento es la reacción de aquella mujer: “se puso a servirles”. El servicio es uno de los rasgos de los discípulos de Jesús, así se lo enseñará: “yo no he venido a ser servido, sino a servir”; “el que quiera ser el más importante, que sea el servidor de todos”. El evangelio nos está diciendo que el encuentro sanador con Jesús convirtió a aquella mujer en discípula.

2.- La noticia se “escampó” por todo el pueblo, tanto lo que había hecho por la mañana en la Sinagoga, como la curación de aquella mujer, y enseguida le trajeron a la puerta de aquella casa un montón de enfermos y endemoniados. Estaba anocheciendo, pero Jesús salió y “curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios”. Seguramente se haría tarde allí. El día había sido largo y la actividad de Jesús había sido intensa. Se había ganado el descanso.

3.- Pero el evangelio sigue diciendo que “de madrugada se marchó al descampado y allí se puso a orar”. Y es que lo primero es lo primero. Y siempre hay tiempo para todo, si es que se quiere (¿recordáis el refrán de que hace más el que quiere que el que puede?). Jesús se levanta temprano y aprovecha el silencio y la soledad para rezar, para darle gracias a Dios por el día que ha pasado y ofrecerle el nuevo que está naciendo. Ese momento de oración será el que sustente después toda su actividad. Ahí es donde Jesús “cargará las pilas” para después anunciar la Buena Noticia a todas las personas. Jesús escucha la voluntad de su Padre y la transmite.

4.- Los discípulos van a buscarle, porque hay más gente que quiere estar con Él. Pero Jesús dice que la salvación de Dios es para todas las personas y que hay que ir también “a las aldeas cercanas, para predicar también allí”. Y así lo hará, como lo había hecho en aquella ciudad de Cafarnaúm. Llegará a un nuevo lugar, entrará en la Sinagoga, predicará con autoridad, curará a los enfermos y endemoniados, pasará tiempo con los amigos, en sus casas, y buscará un momento para poder rezar a Dios, su Padre. Esa era la actividad diaria de Jesús, así es un día en su vida. La cuestión será ver en qué contrasta todo esto con nuestra vida. ¿Cómo es un día en nuestra vida? ¿A qué dedicamos el tiempo fundamentalmente? Jesús habla con autoridad porque habla desde la vida y sus hechos corroboran sus palabras, ¿es así también en nosotros? ¿Es nuestra vida un testimonio de la presencia de Dios en ella?

5.- Jesús sana a las personas con las que se encuentra, las libera, las revitaliza, las fortalece. ¿Cómo es nuestro encuentro con las demás personas? ¿Hacemos lo posible para que las personas que están a nuestro alrededor sean más felices? Nosotros no hacemos los milagros que hacía Jesús, pero ¿procuramos que la vida sea más digna y mejor para nuestros hermanos y hermanas?

6.- ¿Qué momentos dedicamos al cabo del día a cultivar la amistad, tanto con los demás, como con Dios en la oración? Jesús pasaba tiempo con los amigos, en sus casas, y dedicaba también un tiempo importante a su relación con Dios a través de la oración. ¿Qué tiempo del día dedicamos nosotros a cultivar nuestra amistad con Dios? ¿Qué tiempo dedicamos a la oración? ¿Y a la lectura de la Palabra de Dios? ¿Y a la celebración de la Eucaristía?

Hoy la vida de Jesús es, como siempre, un espejo donde poder mirarnos y revisar la nuestra. Que no tengamos miedo a hacerlo, porque no podemos tener mejor modelo de persona. Que cada momento del día sea para nosotros eso que decía Santa Teresa de Jesús sobre la oración, un “tratar de amistad con aquel que sabemos que nos ama”.